Mama, Papa... FUMO MARIHUANA

Kevin Dirienso Potter es periodista freelance y padre de una hermosa familia que tuve el honor de redescubrir en los caminos de la vida, donde nos comparte su autoescritura creativa y sanadora en la relación con la planta y la familia.

@kevindpoter

8/29/2022 5 min read

Si había alguien lleno de prejuicios respecto a la Marihuana ese era yo. No la odiaba, pero en mi mente tenía el cartel de “peligro” y creía que un porro era la famosa puerta de entrada al reino de las drogas y el desastre. Así crecí, con esa poca o nula información, creyendo que lo poco que sabía era la verdad absoluta. No entendía, ni tampoco me gustaba ver a otros fumarla o consumirla y además en mi concepción quién lo hacía infringía una ley. Que estupidez.

Los años fueron pasando y mi adolescencia (hoy lejana) la viví entre el estudio y el deporte, algo que alejo aún más mi cercanía con el cannabis. Veía gente que la consumía y además muchxs pibxs de mi edad que se volcaban a ella a modo de romper con ese manto de ilegalidad. Típico de la etapa adolecente, romper con lo pactado, ir más allá de las “reglas”. Entiendo, porque a mí también me paso, que el primer porro lo consumís por intriga, para ver qué onda y para sentir esa sensación de revolución. Todxs pasamos por eso y quienes lo nieguen se niegan a ellxs mismxs.

En fin, probé la marihuana en Uruguay cuando tenía 18 años. Estaba de vacaciones y dije “porque no”. ¿La verdad? No me gusto para nada, sentí que nada me hizo, nada cambió en mí y hasta el gusto me pareció asqueroso. No soy fumador de tabaco, por ende, tampoco tenía esa necesidad de tener un cigarrillo entre las manos. Esa fue mi primera y según mi yo de aquella época, mi última vez. Pero la vida es impredecible y somos seres en un viaje largo y sinuoso. Nada hacía parecer que la marihuana y quien les escribe se volverían a cruzar años después.

Muchas cosas pasaron desde mi primer porro. No sabría decirles, porque realmente no lo sé aunque tengo mis sospechas, si aquel primer cigarro fue un prensado venenoso o una exquisita flor. No lo sé y mi ignorancia de aquella época no me permite tener esa información. Al poco tiempo me convertí en padre con 19 años y mi formación “anti droga” me hizo ser aún más anti droga. Era padre y por ende era inadmisible para mi ser un marihuano. Quienes se sientan identificados con este relato, pueden dar fe de que cuando sos padre crees que tenes la obligación de ser un ejemplo, con los años entendes que ser padre no te transforma en superhéroe y seguís siendo un ser humano terrenal, común y corriente con problemas, virtudes y falencias. Pero esa es otra historia.

Los años fueron pasando y la vida y sus problemas hicieron mella en mi persona. Ser padre casi adolecente te cambia. Te pone un traje inmenso de responsabilidad que sortee de la mejor manera posible, pero que me trajo mis problemas de salud. Nada grave, pero mi piel pálida, mis continúas descomposturas y esa presión constante me hacían una persona irritable, de mal carácter y en constante conflicto. Ojo, jamás deje de estudiar, de capacitarme y de querer lo mejor para mí. Toda esa presión se volcó en querer demostrarle a los demás que yo era capaz, que yo podía y que todos los que decían que una hija a corta edad “te caga la vida” se equivocaban. Y acá esta el primer error. Llegamos a este plano sin quererlo, nadie pide nacer, ni elige hacerlo. Por alguna razón que aún estoy investigando, nos envían para pagar deudas y aprender sobre aquello que antes no pudimos, repitiendo personas a nuestro alrededor con diferentes roles. Pero que no le debemos nada a nadie y nuestra historia es nuestra y de nadie más. El secreto está en ser buena persona, honesta y leal, el resto es verso.

Volviendo a mi historia con la Marihuana (perdón es que me gusta escribir), me encontraba con 20 años, un trabajo más o menos estable, pero sin ubicarme dentro de mi ser más profundo. Aún me estaba buscando…

Conocí al amor de mi vida muy pronto. Yo tenía 18 y ella 16, era septiembre y el colegio nos unió para hasta el día de la fecha caminar de la mano, atravesando todas las dificultades expresadas en compañía. Pero el amor no es fácil, la convivencia menos y convertirnos en madre/padre adolecentes es un combo difícil de malabarear. Como cualquier pareja promedio, decidimos distanciarnos para reencontrarnos y poder crecer bien y no a los tumbos. Y justamente fue en esa distancia cuando la marihuana volvió a aparecer pero de un modo más consiente, más maduro y mucho más humano.

Tenía 23 años cuando volví a fumar. Me encontraba distanciado de mi pareja y en un recital, al que acudí con un compañero de trabajo, decidí aceptar su invitación. Fue una sensación distinta a la primera vez. No había intriga, ni tampoco algarabía. Existía en mí una angustia que no podía sacar de mi alma, una necesidad de introspección a la que la vida misma y la rutina no me dejaban llegar. Recuerdo fumar consiente y encontrar una calma interior que no puedo describir con palabras. Volví a la casa de mis padres, lugar en el que viví durante mi separación completamente convencido de que algo debía cambiar y que ese cambio empezaba por mí.

Mi compañera era una fumadora habitual de cannabis y había reprimido por años su consumo por estar en pareja conmigo. Le he llegado hasta a arruinar un cumpleaños por verla fumando y es una de las cosas de las que me arrepentí aquella fría noche cuando volví a fumar marihuana. Desde aquel entonces me propuse recomponer mi relación con la persona que me hacía feliz, con mi mejor amiga y con la mujer que extrañaba, convencido de que ese fasito era un punto de unión inmejorable para nosotros, para volver a ser amigos y constituir una relación sana.

Así fue como poco a poco pudimos reconocernos otra vez, entendiendo que estábamos viviendo otra etapa, que éramos consientes de lo sagrado que es ser amigo de tu pareja y de lo importante que es no reprimir al que se ama. Desde aquel entonces y hasta hoy encontré en el cannabis un momento de relajación mental y espiritual, un rato de compartir con los que amo de una forma completamente sana y divertida por supuesto.

No es lo mismo fumar por fumar que hacerlo desde la conciencia, sabiendo lo que estás consumiendo y porque lo estás haciendo. Desde ese momento hasta hoy aprendí muchísimo, pero faltaba un gran paso. Liberarme de la presión que me generaba saber que mis padres no aprobaban de un modo consiente el consumo de ningún tipo de “droga”.

No fue fácil quitarme esa capa. Durante años consumí en mi intimidad, tratando de esquivar los olores, los ojos rojos y todo eso que tiene el fumar para no “enojar” ni “defraudar” a mis papás. Hoy con casi 30 años descubro lo absurdo de eso, pero entiendo que fue una etapa de mucho autodescubrimiento y completamente necesaria. Hace no mucho pude liberarme de una presión que solo yo me ponía y esa libertad me quitó una mochila enorme de mi espalda. Ser vos con las personas que amas es un placer enorme y algo que comparto para que quienes se sienten en una situación similar puedan hacerlo con naturalidad. Es importante encarar la charla con respeto, entendiendo que quienes te criaron pueden tener una opinión …